El acceso abierto al conocimiento científico

En la Edad Media, la reproducción de libros estaba monopolizada por los monjes de los monasterios (amanuenses) que copiaban a mano sobre perga minos, obras fundamentalmente de contenidos religiosos y filosóficos. La actividad de los monjes en la época medieval fue esencial para cultura occidental, puesto que cumplieron la función de conservación de la cultura clásica a través de sus bibliotecas. La mayoría de los monasterios contaban con un scriptorium, lugar reservado para la copia de los manuscritos en latín de literatura religiosa y de autores de la Antigüedad.

La producción de estos libros era costosa en tiempo y en materiales. Así, por ejemplo, una copia de la Bibliaexigía el uso de centenares de pieles, que
eran bienes muy apreciados en las abadías, y la duración variaba según la pericia de los amanuenses, su número y la calidad que el manuscrito reque ría (en caligrafía y miniaturas). La ejecución de un manuscrito de dimensio nes promedio por parte de un solo copista requería de tres a cuatro meses (Labarre, p. 32). De hecho, para ahorrar tiempo y espacio los monjes usaban frecuentemente abreviaturas (también usadas por los primeros impresores) que llegaron a regularse en un sistema convencional de signos, pero que dificultaban su lectura. Si bien cada taller trabajaba para la biblioteca de su monasterio, las más afamadas recibían encargos de otras abadías o de autoridades (reyes, príncipes, nobles, etc.) y, de hecho, funcionaban como las ac tuales editoriales.

Este libro recoge los fundamentos legales en cuanto a la difusión del conocimiento y los trabajos de autor mediante licencias permisivas que facilitan su circulación, intercambio y difusión, superándose así las limitaciones que hasta la pasada década lastraba a la industria.

Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*