Derecho de ¿autor?

Uno de los pilares fundamentales que sostienen el actual régimen económico mundial es la creciente importancia de los bienes inmateriales. Estados Unidos, el Reino Unido, Alemania o Japón son grandes potencias económicas gracias, entre otros factores, a los acuerdos internacionales de protección de las propiedades industrial e intelectual. Paralelament, la economía globalizada, la que permite invertir, vender, transferir ingentes sumas de capitales en cualquier parte del mundo, es la que ha hecho posible el nacimiento de Internet. La neutralidad tecnológica necesaria para llevar a cabo esta función ha conllevado que esta misma red haya puesto en cuestión los privilegios inherentes a la legislación internacional sobre el derecho de autor.

En esta obra se realiza un completo estudio del derecho de autor, en el que Álvarez Navarrete no se limita a hacer un metódico catálogo de las normas vigentes en la materia sino que, sobre todo, describe las disfunciones del sistema actual impuesto desde la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual, gobernada y controlada por Estados Unidos y sus aliados. Lillian Álvarez Navarrete analiza desde su raíz todo el derecho de autor, comenzando por cuestionar el concepto mismo de autor: “El autor es un personaje moderno y se ha asimilado de acuerdo a la concepción de cada época se le ha otorgado: el anonimato medieval, el individualismo del genio romántico o la exaltación del autor superestrella con la obra con éxito comercial”. La autoría, según la mayoría de las legislaciones vigentes, se fundamenta en la “novedad” de la creación; sobre este término tan indeterminado la autora entiende que “ la originalidad absoluta no existe. El creador, al hacer su obra, utiliza muchas fuentes de inspiración, utiliza el lenguaje, las imágenes, el sonido, los ritmos, los colores, los movimientos o los sentidos, técnicas, géneros, materiales que toma de la creación precedente… No es justificable ética y culturalmente la existencia de normas tan increíblemente restrictivas que separan, identifican y diferencian al creador y al espectador o receptor”. También nos recuerda el libro la distinción entre autoría y titularidad, algo obvio pero silenciado en este debate dominado y dirigido, como todos, por los grandes medios de comunicación.

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