Aplicaciones, redes sociales y comunicación móvil

En una época de grandes transformaciones como la que vivimos en la actualidad, tenemos el reto de ser anfibios, el reto de aprender a vivir en dos medios diferentes. El mundo digital, de las redes sociales y de los nuevos medios, por un lado, y el mundo analógico y de los medios masivos por otro. Uno de estos mundos aún no ha acabo de cristalizar, mientras el viejo mundo todavía no ha desaparecido del todo. En este periodo de transición es importante mantener una actitud de síntesis, para saber conservar y recrear lo mejor del mundo en extinción, a la vez que se van digiriendo las novedades que nos rodean. Tarea compleja que nos obliga a estar especialmente atentos ahora y en el futuro próximo.

Hoy nos encontramos en un contexto sociopolítico y tecnológico diferente. Términos como Apps, crowsourcing, viral networking, remix, hacking, social media, prosumer…proliferan cada vez más en el campo social y en el mundo universitario. Pero, ¿realmente todo esto es nuevo? ¿No será, más bien, que asistimos a una remezcla (remix) de lo nuevo y lo viejo? Junto a las nuevas realidades y problemáticas emergen viejos debates. Algunos superados, otros no tanto. Tiene razón Armand Mattelart cuando afirma que con cada revolución tecnológica se vuelve a abrir la Caja de Pandora de los mitos y de las utopías tecnológicas. Disfrazados con nuevos ropajes, siguen siendo los mismos. Son tecnoutopías conservadoras, discursos y prácticas sociales en los que lo nuevo se concentra en el plano tecnológico (nuevos dispositivos, nuevos instrumentos) mientras que lo viejo sigue siendo el sistema social que sustenta y alienta estos cambios. Un sistema social denominado hoy globalización capitalista, que en muchos casos no se entra a cuestionar ni a debatir. Con otras palabras lo expresa el investigador belga, cuando dice que “la tecnoutopía de una Modernidad carente de proyecto ha barrido el sueño emancipador del proyecto moderno, deseoso de acabar con las desigualdades y las injusticias.

El espacio que debería ocupar un verdadero proyecto social lo usurpa el determinismo mercantil, que instituye la comunicación sin fin como heredera del progreso ilimitado”. En estos relatos futuristas que autoproclaman muchos de los gurús de la Web 2.0 se suelen desvincular el desarrollo tecnológico del proceso de globalización capitalista, como si ambos procesos no estuviesen relacionados.

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